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LA VALIENTE MIRADA DE LAS 6 DE LA MAÑANA.

"El silencio mientras el día despierta, te permite sentirte más tranquilo y mirar"

La mirada compasiva de las 6 de la mañana me lleva a tomar la responsabilidad de ser yo. Ser autentica, ser sincera y entender que es lo que quiere esa pequeña niña que hay en mí.

LA VALIENTE MIRADA DE LAS 6 DE LA MAÑANA.

Levantarse a las 6 de la mañana te lleva a encontrar respuestas del alma confiando en la sabiduría de la vida. Es una buena hora para abrirnos a nuestra energía, conectar con lo más bello que hay en el interior.

Al despertar con el día tenemos una conexión más delicada con nosotros y la vida. Abrimos los ojos y respiramos una fragancia completamente distinta a del resto del día. Dejarte envolver por esa fragancia de intimidad, de confianza en ti, de creatividad, de poesía, de belleza, es el mejor instante para volar a las estrellas y sumergirte en tu propia galaxia.

Sientes que las partículas de oxigeno brillan e iluminan tu ser a medida que tu respiración se hace más presente. Lo más especial, lo más auténtico, lo fundamental ocurre primero en tu interior.

Es un momento perfecto para dejar que surja lo que hay en nuestro interior, escuchar aquello que nunca es hablado, aquello que está en el corazón silenciado y soltarlo al exterior. Horas para disfrutar de la autenticidad, hermosa y real. Tanto que cuando la descubres ya no quieres estar cerca de la falsedad.

“El silencio mientras el día despierta, te permite sentirte más tranquilo y mirar”

La mirada compasiva de las 6 de la mañana me lleva a tomar la responsabilidad de ser yo. Ser autentica, ser sincera y entender que es lo que quiere esa pequeña niña que hay en mí.

Empezar el día supone un reto de escuchar mi propia voz y mantenerme fiel a ella, aceptándola y atendiendo a sus necesidades, a pesar de lo peligroso que es ser veraz. No ponerse máscaras, mostrarnos tal y como somos, cueste lo que cueste, es la única manera de crecer.

Recuerdo que de jovencita siempre me gustaba despertar y crear momentos para mi donde nadie me dijera lo que debía hacer, ni ser. Me gustaba escuchar música, bailar e imaginarme un día extraordinario, creo que era mi meditación, sentía lo que me gustaría ser. A veces uno no se da cuenta, pero nuestro ser medita de manera natural. Es el momento justo donde te fundes con tu ser.

Esos momentos me llevaron a afrontar el gran reto de la vida; Ser ese deseo que escuchaba en mi interior. Ahora con el paso del tiempo sé que fui valiente por afrontar ese fenómeno peligroso que es escuchar la voz interior y llenarte de ti mismo. Desea, pide, cree y recibe. Cuanto más escuchas a tu sabiduría interior, más la fortaleces, como si fuera una habilidad o un músculo.

Hace poco me propuse el ejercicio de levantarme junto al día. Mirándome y sintiendo que todo está bien, que hago las cosas tan bien como puedo, que doy lo mejor de mí en cada situación. Que es genial sentir presencia, que despierta un nuevo día para vivirlo con la mente abierta y el corazón anclado en la pasión. Siento presencia en mi interior y me siento liberada en lo más profundo de mi ser. Planteo mi día, me miro y me veo, me abrazo y me quiero. 

“Con mi mente más en calma y quieta puedo reconocer la idea, el deseo o la emoción que me está agitando y abrazarla y soltarla.”

Se trata de desarrollar la habilidad de encontrar esa gran isla de silencio en medio de nuestras actividades cotidianas. Me gustan estos momentos de la mañana donde disfruto de un silencio poderoso y curativo. Es entonces cuando noto mi espontaneidad y naturalidad. En ese momento me doy cuenta, que si despierto dos horas más tarde, mi día lo vivo desde mi mente. Me quedo atrapada en mis pensamientos, en mis ideas, en vez de sumergirme en la experiencia del día. Mi cabeza no deja de dar vueltas y más vueltas a las cosas, bloqueando mi energía vital.

Ahora al menos tomo consciencia de ello. La experiencia me libera. Respirando, caminando, tomando el sol y moviéndome, conecto con mi salud. Cuanto menos pienso, mejor siento mi mente. Cuanto más miro y veo, más relajo a mi mente agotada. Porque ella también necesita que la libere, necesita que deje de vivir desde ella. Solo entonces se convierte en mi mejor aliada regalándome inspiración y creatividad en todo aquello que hago y expreso al mundo.

“Para mí, estas horas son mágicas. Y a veces me pregunto por qué sabiendo que fluyo mejor a esa hora, no lo llevo a cabo siempre.”

Hoy escribo mi experiencia tras hacerlo un tiempo y comprobar día tras día que funciona. Así que a las diez de la noche trato de tener un momento de meditación. No hago planes para mañana porque el cansancio habla. Solo analizo cómo ha ido el día, cómo lo he vivido y lo comparto con mis hijos. Para entonces siento que mi cuerpo me pide ir a dormir. Noto su ilusión por despertar con el día y por eso me lo pone fácil.

Algo que he observado es que mis hijos les encanta ir a dormir tarde. Su ritmo es distinto y tienen las pilas cargadas. Yo necesitaba su complicidad y para ello les pedí decir adiós al día juntos de la manera que más nos gusta, compartiendo nuestros momentos mágicos y no tan mágicos del día. Pero siempre su naturaleza les llevaba a risas y más ruido. Pero entonces les expliqué mi experiencia de despertar pronto y les pedí su ayuda para lograrlo. Lo más sorprendente fue su rápida y respetuosa reacción.

Despedirnos del día juntos es un acto que nos une y nos conecta desde la calma.

Feliz noche y dulces sueños.

Gris Juncadella

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