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Niños Presentes

"Deja de moverte, quédate quieto y la tranquilidad te moverá"

Enseñarles a disipar las emociones negativas, a serenar la mente y a gestionar mejor sus emociones, es una de las mejores vías para conseguir un buen aprendizaje académico.

NIÑOS PRESENTES

Quién no le ha dicho alguna vez a su hijo “Para!”, “Estate quieto!”. Todos hemos sido niños y todos nos hemos movido con más o menos energía. Es una de las virtudes de la infancia y de la adolescencia. La calma y el sosiego viene impuesto por los años y la experiencia vivida.

Pero eso no quiere decir que no les podamos enseñar a los niños a estar presentes, calmados y concentrados. Unos minutos de pausa para la actividad de los niños les ayuda a descansar la mente y tomar más consciencia de lo que están haciendo.

Las emociones nos acompañan desde los primeros años de vida y nos definen como personas. La gestión de esas emociones debería ser tan o más importante que la enseñanza de valores y los contenidos académicos. Los niños se juegan con ello su comportamiento de adulto.

Enseñarles a disipar las emociones negativas, a serenar la mente y a gestionar mejor sus emociones, es una de las mejores vías para conseguir un buen aprendizaje académico.

Con sencillos ejercicios de meditación como los que relata Eline Snel en su libro “Tranquilos y atentos como una rana” y practicando ejercicios de respiración con ellos, podemos ayudarles a mejorar su serenidad.

APRENDIZAJE SOCIAL Y EMOCIAL.

La gestión de las emociones se pone en marcha incluso en el seno materno. La ansiedad de una madre puede multiplicar por dos el nivel de hiperactividad del niño. Durante el embarazo no solo deberíamos preocuparnos por el estado físico de las madres, sino también por su salud emocional.

Nacemos inocentes, sin emociones mezcladas, sin dudas, sin miedos, sin mentiras. Nuestros hijos llegan al mundo llenos de curiosidad y dotados de las emociones naturales que les ayudan a conectar con su nuevo mundo y su nuevo entorno. Pero a medida que van creciendo, van formando sus patrones emocionales en función a sus experiencias. Y dependerán de los estímulos y recuerdos que tengan de estas experiencias lo que les convertirán en exploradores de este nuevo mundo con ganas de vivir muchas y nuevas emociones positivas o por el contrario pequeños guardianes de su mundo interior donde preferirán esconderse y cerrarse a los demás.

Los primeros 5 años de vida son una vida entera para ellos. Han de superar sus propias limitaciones y lo hacen con pasión y energía. Desarrollan su vista, su sentido del equilibrio, gatean, se caen, se levantan, empiezan a hablar, comen solos… en resumen, aprenden a convertirse en pequeños adultos autosuficientes y además sin quejarse. ¿No os parece increíble?

Ofrecerles entornos positivos, de empatía y creativos en ese periodo es muy importante para crearles unos recuerdos y estímulos adecuados. De este modo su personalidad y su comportamiento se formará en base a emociones positivas. Seamos sus guías motivadores, creamos experiencias enriquecedoras en la escuela, en la calle, en casa. Rejuvenezcamos con ellos. La gente solo envejece mentalmente y emocionalmente cuando pierde su curiosidad y su capacidad de amar.

Es asombroso el nivel de desarrollo que alcanzan en tan corto periodo de tiempo. Antes de empezar su periodo escolar, los niños ya han comenzado a absorber la compleja información que caracteriza a nuestro mundo de hoy. La competitividad puede ser feroz hasta para el escolar de más corta edad.

Si los enseñamos a conocerse y a confiar en sus propios recursos, les prepararemos mejor para enfrentarse al futuro. Existen varias formas de ayudarles, como reconocer sus cualidades positivas, ayudarles a encontrar la forma de conocer sus actitudes negativas, ofrecerles cariño y confianza con sinceridad absoluta, permitirles la libre expresión y el libre ejercicio de su personalidad. A través de la atención plena se puede lograr que sean “niños presentes”.

BIBLIOGRAFIA:

El niño atento. Autor: SUSAN KAISER GREENLAND

Construyendo puentes. Autor: VIRGINIA CAGIGAL GREGORIO

Tranquilos y atentos como una rana. Autor: ELINE SNEL

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